FIDELIDAD Y ESTABILIDAD DEL MATRIMONIO

Autor: Gerardo
Categoría: Mayo 2013
Publicado el por

Comentarios: no hay cometarios

Autor: P. Umberto M. Marsich

Sabemos que la ley de Moisés contemplaba la posibilidad del divorcio (Dt 24, 1-4), sin embargo, eso no quiere decir que el Antiguo Testamento (A.T.) no haya tenido una concepción elevada del matrimonio y de la fidelidad conyugal. En efecto, cuando los profetas quieren exaltar el amor de Dios, para con su pueblo, utilizan, precisamente, la imagen del amor conyugal del hombre por su mujer.

 A manera de ejemplo, citamos el texto en el cual Isaías reporta las palabras, llenas de poesía, que Dios dirige a Israel: “No te llamarán más ‘Abandonada’, ni a tu tierra ‘Desolada’, sino que te llamarán ‘Mi preferida’ y a tu tierra ‘Desposada’. Porque Yavé se complacerá en ti y tu tierra tendrá esposo. Como un joven se casa con una muchacha, así el que te formó se casará contigo, y como el esposo goza con su esposa, así harás las delicias de tu Dios” (62, 4-5).

Siempre en el A.T., por cierto, se condena la ruptura de la unión conyugal por alguien que repudiara su esposa, simplemente, para unirse con otra mujer y viceversa: “¿No ha hecho Dios, de ambos, un solo ser que tiene carne y respira?…No traiciones, pues, a la mujer de tu juventud” (Mal 15).

Como todos los grandes valores humanos, también el del amor conyugal y de la unidad de la familia tienen sus enemigos: el egoísmo, el orgullo y las pasiones desordenadas. La insidia más severa, sin embargo, parece ser la del egoísmo y de la pasión, en cuanto predisponen a la infidelidad. La intimidad de los esposos es tan profunda y se compone de un enlace de sentimientos tan delicados que es suficiente consentir un mal deseo para ofuscarla. Por esta razón, Jesús nos pone en alerta hasta contra el adulterio del corazón: “Ahora yo les digo que quien mira con malos deseos a una mujer, ya cometió adulterio en su interior” (Mt 5, 28). Nunca debemos olvidarnos de esa ruptura y desarmonía, que el primer pecado humano ha provocado, incluso, en la relación de comunión y amor entre hombre y mujer, y que constituye la causa de que la misma unión matrimonial se vea siempre tan amenazada por la discordia y la infidelidad. El pecado de egoísmo, sin lugar a dudas, será siempre una amenaza para el amor.

El problema moral más grave de la humanidad hoy y, en especial, de las nuevas generaciones, que parecen no tener ya ninguna limitación respecto a la volubilidad de los enlaces amorosos, es la ausencia de voluntad para disciplinarse y tener ese ‘control de sí mismo’ que, en el matrimonio, resulta ser condición indispensable para establecer una relación estable y fiel. La infidelidad no es la única tentación de los esposos. En efecto, la capacidad de aceptarse en la diversidad; de tolerarse en los defectos y de amarse, también cuando los sentimientos han perdido vigor, piden ‘dominio de sí’ y ‘disponibilidad sincera’ a la dedicación recíproca. En la naturaleza humana del amor, afortunadamente, se inserta la ‘gracia de Jesús’. Es la misma que brota del sacramento recibido. El amor de Dios y de Jesús, que es una poderosa carga espiritual donada a los esposos y en el cual ellos tienen que renovar continuamente su fe, se erige, además, como ‘modelo’ a imitar. El modelo de quien, por amor, ha sido capaz de donar su vida sin detenerse frente a la ingratitud y a la maldad de la gente.

Dios sigue donando su gracia al hombre y a la mujer para que, en la unidad del amor, realicen y reproduzcan su proyecto originario de matrimonio, su Alianza Santa. De esta alianza, los esposos están obligados a dar testimonio, no obstante el desconcierto, en que pudieran encontrarse, por las absurdas legislaciones que hoy día están reconociendo la legalidad de otros modelos matrimoniales y familiares. Los esposos cristianos deben asumir, con renovada responsabilidad, la misión de permanecer fieles a los votos matrimoniales, que asumieron el día de su enlace sacramental, y dar testimonio, con su amor, del amor de Dios para con la humanidad y de Cristo para con la Iglesia. Sólo el verdadero amor de nuestros matrimonios podrá detener la avalancha de incongruencias y barbaridades del mundo en que nos ha tocado vivir.


Los comentarios están cerrados.


nuestra misión

Los Xaverianos somos enviados a países y grupos humanos no cristianos, fuera de nuestro ambiente, cultura e Iglesia de origen. Fieles a las preferencias de Cristo, nos dirigimos en particular, entre los no cristianos, a los destinatarios privilegiados

acércate A NOSOTROS